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Historia de Los Viejos de Corpus [Xita Corpus]

El valle de Temascalcingo - Solís, flanqueado por milenarias montañas, conforma el espacio geológico más sorprendente de la tierra mazahua, en él corre el río Ndareje, (Lerma) entre acantilados de extrañas formas. Tierra fértil donde se ha desarrollado la vida de animales y plantas que hoy reclaman su existencia.

Los tambores de la historia aquí anunciaron la presencia del hombre - montaña; del hombre - río, del hombre - venado y del hombre - maíz, sus huellas son muy remotas; crearon símbolos e instrumentos que responden a sus sentimientos y a sus necesidades materiales y espirituales.

Dentro de las ceremonias más antiguas está la de la fertilidad, ceremonia de la invocación a la lluvia; ahora es tiempo de llamar a las nubes, de encender el fuego, de mover las manos y los pies en mágicos movimientos, de mirar con los ojos del alma, de comunicamos desde este rincón del universo con las fuerzas del más allá. Lo seguimos haciendo como lo hicieron nuestros antepasados, los que ya se fueron pero que ahora están aquí.

Se reúne el grupo de cargueros, Becte, para tomar acuerdos y decidir qué van a hacer el Jueves de Corpus; entre los acuerdos está la compra de cohetes, la recolección de flores, la invitación a los hombres del pueblo para que participen en la cuadrilla de los Xitas o "Viejos de Corpus". La invitación se hace en forma muy especial a los que representarán al más viejo y a la vieja, se les lleva obsequios, pan, pulque, frutas, para ganar su voluntad de participación; a los demás se les invita en forma sencilla, así también al que portará el "torito" hecho de madera y forrado de piel.

Días antes de celebrarse las ceremonias del Jueves de Corpus, sale un grupo de viejitos, recorren el poblado y van de casa en casa, donde danzan por un momento; anuncian la fiesta, recolectan limosnas para sufragar algunos gastos.

Llegado el día, todos los pueblos y barrios que participan celebran las vísperas; se reúnen en el templo los cargueros, cada uno con su comisión. Las campanas llaman a todo el pueblo y así van llegando las mujeres con ramos de flores, los músicos con sus tamboras y violines; en el interior del templo se esparce copal a cada una de las imágenes. Las mujeres se sientan en tomo a los nichos que portarán a los santos y les van colocando ofrendas de gran belleza, de unas cazuelas de barro van tomando flores de di-versos colores y especies: borene, retama, orquídeas, ramos de mastranto, azucenas, entre otras; también se les coloca rosarios o guirnaldas de palomitas de maíz, se cuelgan racimos de capulines, guayabas, plátanos de Jungapeo, y manzanas.

Conforme se van poniendo las ofrendas se esparce copal, que junto con música de tambora y violín envuelven el ambiente en una atmósfera de profunda espiritualidad.

Con gran respeto se ofrendan matas de maíz, que se colocan en los nichos. Entre las flores y las frutas se mueven panes de caprichosas formas, de mujer, animales, como ardillas, patos, palomas, pajaritos, y coronas.

Entre los nopales y magueyeras, la noche avanza por esos caminos, van gritando los Xitas y se dirigen a la iglesia.

Su llegada se anuncia con toques de campana; se les recibe con música. Se inicia una procesión en el atrio alrededor del templo.

Aquí están los Xitas representando a los antepasados, a los viejos con renovada energía, llenos de fuerza para invocar la lluvia y la fertilidad.

Hay flores y frutos para la ofrenda y copal para que arome el tiempo divino.

Se echan cohetes, repican las campanas.

Los Xitas mazahuas con su nuevo rostro, en milenarios movimientos que transforman el tiempo y el espacio, hacen su entrada al templo con el mayor de la danza. Con gran reverencia caminan dentro del templo al ritmo de una tambora y un violín; los reciben los mayordomos y fiscales, quienes se encuentran en el altar. El Xita más viejo, a quien también le llaman "tápale" o "Mero Xita", se acerca a uno de los fiscales para pedir permiso y ponerse de acuerdo con la participación de la fiesta y le dice:

Tata fiscal, venimos aquí de antemano a pedirle permiso para que descansemos un poco, ya que venimos de muy lejos, más allá de Tarandacoao, Maravatío; sólo hemos comido biznagas, garambullos y algunos animales, y mis hijos no han comido más que puros animales: lagartijas, conejos, tlacuaches, tejón, zorrillo, armadillo. Ya mañana continuará el camino.

El fiscal que se encuentra sentado a un costado del altar y contesta.

Si ustedes desean descansar un poco, yo aquí les doy permiso, pero de comer es poco lo que tenemos, porque no ha llovido.

El Mero Xita conversa lo mismo con los demás fiscales, esto también lo hace la Vieja con voz tipluda y lloriqueos. Ella representa la tierra, la fertilidad.

El fiscal, con mucha seriedad, se dirige a todos los Xitas y les dice:

Nosotros queremos que los viejitos rueguen mucho a Dios que nos socorra la lluvia para dar vida a nuestra siembra, ya que aquí carecemos mucho de agua, pero con ayuda de los viejitos, y con el permiso de Dios que nos venga la lluvia... y le den vida a nuestros campos y montañas.

Responde el tata Xita:

Nosotros rogaremos a Dios para que estas tierras se den abundantes. Y no se preocupe por nosotros, por donde vamos caminando le rogaremos a Dios.

Los rostros del pueblo, con mirada profunda y emocionada, les dicen en forma repetida: rueguen por la lluvia, rueguen por la lluvia...

Una vez que el fiscal concede el permiso, los viejos, formados en columna, bailan jarabes dentro de la iglesia y salen al atrio, ahí ya se encuentran muchos vecinos del pueblo. Siguen danzando y lanzan extraños gritos; se torea el "torito", que es cargado por un hombre en sus hombros, así lo va haciendo cada uno de los Xitas, traen en sus manos una reata de lazar. Así transcurre buena parte de la noche, con asombro de los asistentes. Nuevamente pasan al interior del templo y continúan danzando. En medio de exclamaciones se despiden de las imágenes y fiscales; todo está preparado para el día siguiente y participan en la na mbxcua ra xita carpo.

Con su máscara de noche nos mira la Luna, que se esconde entre los magueyes bebiendo aguamiel y se pone alegre a danzar con los luceros en el manantial de agua serenada.

El alba empieza a despuntar el nuevo día, el semanero en el templo toca las campanas de las cinco de la mañana, anunciando la fiesta de los Xitas. Despertamos con nuestro nuevo y verdadero rostro, nos dirigimos al manantial donde brota cristalina el agua; ahí lavo mi antiguo rostro, el día baña mi cuerpo con su luz temprana, para lucir mi nueva cara.

Ahí está Menyeje trazando signos sobre el agua, escribiendo los testimonios de nuestro origen. Sus pequeños ojos me miran, mis hijos lo miran, es la culebra sagrada que vive en el manantial y que representa al Señor del Agua. Así me enseñaron mis mayores, así se lo enseñaré a mis hijos, hay que respetarla y respetamos, nunca enojamos, ni dañar el manantial, porque si no el agua lo siente y se va. Nuestra vida es agua, el agua le da vida a lo que existe sobre la tierra y todo esto dice que no debemos olvidar lo que somos.

Hoy es el día señalado, las campanas siguen sin descanso llamando para asistir a la fiesta de los Xitas, a la fiesta de la lluvia. Ya están en el templo los cargueros, cada uno cumpliendo su misión, los músicos tocan tambores y violines. En el recinto sagrado del fuego está Gosivi, "fogón" donde se guardan las brazas que luego son sacadas con el guaní para ser colocadas en el tontze y quemar el copal que arome la fiesta. Van saliendo las imágenes que son llevadas en nichos sobre los hombros de mazahuas, se echan cohetes que también anuncian la salida, repique de campanas, los cargueros van al frente, también las mujeres de morenos rostros con sus niños en sus espaldas, llevan el Boximo, otra pequeña campanita que suenan sin cesar, estandartes, pequeñas cruces, adornan también con flores, panes y frutas. Los xori, cantores y resanderos, entonan viejos cantos y oraciones de profundos mensajes que salen de gargantas llenas de fe.

En la parte de atrás de la peregrinación van los Xitas, en el espacio espiritual y terrenal, haciendo invocaciones. Con sus danzas, con sus gritos conforman una simbología de naturaleza ritual y sagrada. Trazan con sus danzas el sentido cósmico del ritmo del tiempo pasado - futuro, año - día. En todo este presente la naturaleza agrícola de la vida comunitaria influye poderosamente en esta festividad.

Por los caminos de las montañas ya descienden las deidades y los hombres de diversos pueblos, para unir sus fuerzas terrenales e invocar a la lluvia y a la fertilidad.

En el cráter del tiempo nació la historia de su pueblo, Niñi Ájanse, San Pedro el Alto, con sus pasos volcánicos renuevan su tradición y salen los Xitas en medio de la neblina de su lago, entre los encinos, madroños, ocote, matorrales de pingüicas y zarzales, a lo lejos los mira el cerro de Vero. Inician el descenso en su recorrido; al llegar a los peñascos del Campanario le piden permiso a la montaña para que descanse la peregrinación; ahí renuevan fuerzas y avanzan por las cañadas, con dirección a la cabecera municipal. Por estos caminos de Xeile, los que viven en el cerro del Águila o La Santa Cruz son pocos, pero es muy grande su emoción.

Por los caminos de las montañas donde sale el Sol, donde están los montes de La Joya y de Bajomuí, vienen los Xitas del barrio de Puruahua. Al salir los despiden los ángeles de piedra, que vuelan dentro del templo; los acompaña ahora la Virgen del Perpetuo Socorro. Su nicho lleva azucenas blancas, panes, frutas; hay cantos y copal; la peregrinación avanza por esos caminos que atraviesan profundos barrancos, entre las milpas verdes, rodeadas de cercas de piedra, donde crece el maguey verde, nopales y mueven sus ramas los capulines con sus negros racimos. Por este rumbo está la capilla de las Ánimas, de donde sale otro grupo de Xitas o Viejos de Corpus.

Del barrio de Bonshó viene San Miguel Arcángel, guiando entre las nopaleras de tuna bonda a los Xitas que saltan y gritan emocionados, e invocan la lluvia; ahí van en medio de tamboras y copal.

Por los gigantes, por esos enormes árboles, mueven sus viejas ramas, vienen corriendo y saltando los Viejos de Corpus de Maro, y ahí viene a todo galope el señor Santiago con sus ofrendas de maíz, y su pueblo, el viejo y la vieja con sus hijos, con sus máscaras temibles, con grandes sombreros de vara de sauce, barbas de ixtle. Entre ellos hay una máscara enigmática de tronco de maguey, con su mirada muy antigua que irradia emoción.

El pueblo otomí de La Magdalena también participa, ahí está la colonia, el centro y La Cruz Blanca; son bastantes viejos, ahora son más que el año pasado, su alegría y la tambora se oye hasta el paraje La Palma de Nejapa. Ya se dirigen a la iglesia del Señor San Miguel Arcángel con sus cantos "Mi Padre Jesús". Vienen echando cohetes, se santiguan en la cruz blanca frente a las pinturas de Tzindo y ahí vienen.

Se oye la tambora, los gritos y la emoción de los Viejos de Ahuacatitlán, guardianes del valle de Temascalcingo - Solís.

Allá asoman los habitantes de la tierra del relámpago y el trueno, los Viejos de Calderas; los acompañan de la montaña ardillas, tlacuaches y tejones que participan en las ceremonias para después ser liberados.

De la rinconada del cerro de La Santa Cruz, vienen bajando los Xitas de La Corona por las calles de los fresnos y de los álamos.

Allá entre los árboles de zapote blanco salen los Viejos del cerro de El Calvario, y sus campanas suenan y suenan. Pasan por el árbol del Gigante, mueven sus asustados brazos y se van corriendo por la calle de la capilla de las Ánimas. Sus imágenes lucen collares de maíz reventado; flores y frutas, frescas y olorosas.

Van llegando más grupos, ahí están también los de San Francisco Solís, con sus máscaras que reflejan el secreto del sabino y el talismán de la alcantarilla. Bailan, brincan, se abrazan de la montaña y dirigen su mirada al infinito.

En el cerro Chato y El Chisque bailan y repiten en eco la emoción de los Viejos de El Puente, los Viejos de Yadi; en la ermita arde el copal de la montaña, los ailes, sauces, tepozanes ven correr al río Ndareje que lleva el mensaje de los Xitas. Este canto y rezos sagrados van con la imagen de la Virgen de Guadalupe, que han envuelto en un manto blanco bellamente adornado y ceñido con una faja mazahua de figuras de pájaros y corazones.

De todos los caminos, de todos los barrios y pueblos, ya están presentes los Xitas en la plaza principal de Temascalcingo, las imágenes y símbolos sagrados se han colocado con gran respeto en la parroquia de San Miguel.

El centro de Temascalcingo se transforma en el centro cósmico de la invocación, sus pasos con la planta de los pies, los repetidos golpes sobre el suelo parecen sacar y reproducir los ruidos interiores de la tierra.

Los mundos mazahua y otomí se encuentra en el espacio sagrado de los Xitas con las danzas y música de profundas raíces que entrelazan el tiempo y la historia.

Los invocadores de la lluvia lanzan sus voces de ruego y todo llenan de energía; suenan las sonajas, cascabeles y metales de diversos sonidos. En medio de danzas, los brazos y el cuerpo de los Viejos se mueven en de diversas direcciones, van ataviados con extraños trajes de ropa vieja o nueva, representando seres reales o míticos; vestidos de caporales o charros con grandes sombreros de vara de sauce, disfraces de animales y plantas, demonios con cuernos de becerro o de cabras, y pintados de rojo; esqueletos que representan la muerte, llenos de vida y bailan; llevan animales vivos o disecados; sacuden ramas de pirúl con sus manos. Uno carga una cruz en la que está una lechuza crucificada, con mensajes ocultos y desconocidos, portan diversos objetos que cumplen otro sentido.

Los ojos de Jmicha (La Máscara) permiten mirar nuestro interior y muestra la verdad oculta. La máscara le permite al hombre identificarse con la naturaleza y tratar de dominarla en forma mágica. Todos traen unas máscaras, las de Xixguaru, de tronco de maguey traídas de lejanos tiempos; otra de madera de colorín o tronco de palma; de ellas cuelgan barbas de ixtle, algunas van pintadas; las hay de piel, cartón, metal y de otros materiales, que se identifican con el yo interno, diseñadas con gran imaginación.

Continúan las danzas y los recorridos por el centro del poblado; van los Viejos de puesto en puesto bailando y les obsequian frutas y dulces que reúnen en una canasta. Sus movimientos asombran, asustan o hacen reír, y al son de la música siguen los jarabes de Neme yo xita, la gente les dice: pidan la lluvia, pidan la lluvia...

En esta ceremonia, reviven épocas históricas donde se fusionaron dos culturas diametralmente opuestas; la tradición europea caracterizada por su apego al cristianismo, y la nativa, fundamentada en símbolos mágicos. Así, a través de las danzas, con sus ritos e invocaciones se logra la cohesión del grupo; danzantes y espectadores se integran a una actividad comunitaria donde se mezcla lo religioso con lo profano, lo real con lo fantástico y simbólico; todo lo cual permite liberar impulsos reprimidos o latentes. Es una catarsis de las tensiones que afligen o angustian a los participantes.

La cabecera municipal de Temascalcingo se transforma en un universo pletórico de misterio, de máscaras que irradian la supervivencia de mitos milenarios de antiguas tradiciones.

Dentro de los ritos que se celebran este día, está la celebración de una misa, la procesión con las imágenes; las autoridades religiosas de los diversos pueblos y barrios se reúnen en el atrio, se va integrando la procesión, cada pueblo lleva su imagen al frente bellamente adornada con verdes matas de maíz, flores, frutas y panes; mayordomos y fiscales, todos los cargueros entonan cantos y alabanzas: con la dirección de los Xorí; se esparce copal, suenan pequeñas campañas, los mayordomos portan el Boximo, palanganas con flores y ceras y un bastón, símbolo de mando; los acompaña la música, mujeres que entonan cantos y amamantan a sus hijos, hay ceras encendidas, estandartes y ancianos que llevan sus sombreros en la mano; el párroco lleva una custodia que va colocando en los altares que se han puesto en trayecto del recorrido y realiza ritos cristianos propios de la fiesta. En la procesión los acompañan niños y niñas vestidos con la indumentaria tradicional, les llaman "los inditos", cargan huacales, portan palanganas que contienen pétalos de flores que esparcen en el trayecto de la procesión, para hacer el recorrido por las calles aledañas a la parroquia.

Todos los santos tienen una relación con los elementos de la naturaleza (agua, fuego, viento, tierra. Sol, Luna) que intervienen para la fertilidad de la tierra. Las comunidades sienten la obligación de cumplir con las ceremonias religiosas, como la del Jueves de Corpus.

Una vez concluido el recorrido, se hace la entrada en el templo y vuelven a colocar las imágenes cerca del altar, con todo respeto se les santigua con humo de oloroso copal.

En el atrio de la iglesia, bajo antiguos y legendarios fresnos, eucaliptos y olivos, se reúnen los cargueros para dar de comer a los Xitas, se sientan en los prados y antes de tomar la comida, uno de los cargueros ofrece comida al Mejomui, Señor de la Tierra: una porción de tortilla de maíz se coloca sobre la tierra con respeto y reverencia; se les invita a los Xitas tomen sus sagrados alimentos, se les sirve en un plato de barro arroz, mole con carne de guajolote o pollo, frijoles, salsa verde, chiles y van sacando tortillas de una servilleta que se encuentra dentro de un chiquihuite; se acompaña la comida con agua natural, refresco o pulque. Una vez que han terminado de comer, agradecen y vuelven a colocarse sus máscaras, los grupos de Xitas continúan danzando por diversas calles de la población.

Ya entrada la tarde, todos los cargueros se organizan y se despiden del Señor de la Coronación, esparcen copal, todas las imágenes presentes empiezan a regresar a sus comunidades por los diversos caminos, que como venas los llevan al corazón de la montaña. Los caminos se reconstruyen con su fe remota y renovada, con la fuerza y energía de su invocación. Y van ascendiendo por la montaña entre la luz y la sombra de los árboles donde cantan libres las aves que anuncian su retorno.

Han llegado a su pueblo, los reciben con respeto y alegría, los ojos de los ancianos se llenan de emoción y lágrimas, ellos saben que la invocación de los Xitas ahuyentará el hambre y habrá maíz para comer; que caerán los lluvias, para que de la tierra siga brotando la vida, el alimento y el amor. Repican las campanas, las mujeres atizan apresuradas para preparar alimentos, los perros corren azorados, ladran y emocionan; siguen tocando las campanas, se lanzan cohetes; han llegado los Viejos de Corpus danzando y gritando siguen invocando. Las imágenes hacen su entrada en el templo y ocupan su sitio, reciben el respeto de los fiscales y mayordomos quienes esparcen copal a los cuatro vientos, la música envuelve con nostalgia las plegarias de la tarde.

Los Xitas con sus máscaras eternas petrifican el instante humano, con su fe y energía en silencio transmiten sus mensajes en un lenguaje sin tiempo y en un espacio que libera.

Los Viejos siguen danzando dentro del templo y después salen al atrio donde continúan con sus invocaciones, gritos y torean el pequeño toro de madera forrado de cuero que carga un hombre, quien con gran habilidad lo mueve para embestir, y todos los Viejos pasan a torearlo queriéndolo lazar; lo mismo hace el más pequeño de los Xitas y sigue la Vieja. El más viejo es embestido por los cuernos del toro y muere, esto conmueve a todos y en medio de lloriqueos lo llevan a sepultar; doblan campanas y en el momento de darle sepultura, el viejo recobra la vida y continúan los jarabes, la música, hay alegría en todos.

Los Xitas siguen danzando, las sombras de las montañas anuncian la llegada de la noche; las campanas tocan la despedida de los Xitas, realizan una ceremonia en el atrio o dentro de la iglesia, o como la del puente en la ermita ubicada en las márgenes del río Ndareje.

Los Xitas en medio de lamentaciones forman dos filas y se abrazan inclinando la cabeza en dos movimientos, en dirección del hombro izquierdo y del derecho. Se piden disculpas, se reafirma el compromiso de no dejar la tradición y cumplirla, de seguir con la costumbre que dejaron los abuelos. Se despiden de los mayordomos, fiscales, cargueros y santos. Las brasas del copal siguen ardiendo, siguen vivas.

Los Xitas, con su energía, se han librado de la tristeza y el dolor, han dado sus mensajes a la naturaleza a las fuerzas divinas, han cumplido con su manda. Las montañas los cubren con la cobija de la noche.

Ya en lo alto del cielo en silencio se reúnen las nubes para danzar fértiles movimientos de lluvia.


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